Lo que bebes no es agua

 No se cuanto tiempo llevo sin beber agua. No lo digo de forma metafórica, no es que lo haga a propósito, tampoco. No bebo refrescos, no tomo alcohol, zumos, batidos, ni café siquiera. Bebo agua pero no es agua, se que no es agua. Hubo un momento, quizá hace meses, años incluso, que bebía agua. Pero ya no. Sé que lo que bebo no es agua, no sé quien está jugándome esta elaborada “broma”, si es que se puede decir así, pero mi obsesión con ella está acabando conmigo. Agua.


Como he mencionado antes, no se cuando empezó todo, no sé en qué momento aquello que bebía y creía que era agua dejó de serlo, no soy capaz de recordar cuál fue el fatídico día en el que entré en esta espiral retorcida, en este ciclo infinito. Cada día me levanto, con la boca seca, áspera, con un dolor de cabeza insoportable, como una estaca que se clava poco a poco en un lado de mi cara. Agua, pienso, como si no llevara atrapado en esta pesadilla más tiempo del que puedo contar. Agua, agua, agua, una agonía incesante llena mis pensamientos uno por uno. Quiero beber otra cosa, cualquier otra cosa, bebería gasolina si pudiera, pero no puedo. Mi cuerpo rechaza cualquier cosa que no sea agua, a veces paso incluso días sin comer, alimentándome sólo de agua. Pero no es agua, lo sé, estoy seguro. Alguien, o algo, quizá, me ha privado de ella, y a cambio me ofrece otra cosa. Agua, pero no es agua. Abro el grifo, lleno un vaso y bebo. Me dan arcadas, pero mi estómago acepta el líquido. No me da asco, no sabe mal, es agua, pero no es agua, lo sé.

Me paso horas observando vasos, todos los días, cada vez que bebo. Busco pistas, posos, alguna gota de otro color, algún organismo, quizá, pero nunca encuentro nada. No sé de dónde sale, pero lo siento, siento el líquido correr por mis labios hacia mi garganta, mi cuerpo se calma pero mi mente no. ¿Agua?


Agua, pero no. No es agua, no puede serlo. Siento cuando entra en mi cuerpo. Siento como el líquido fluye por mi cuerpo como si fuera una serpiente reptando por mis arterias, siento como me pulsan las venas cuando bebo, siento como se me revuelven las entrañas cada vez que le doy un sorbo al vaso, puedo sentir como mi mente se muere un poco cada vez que pienso en el agua. Pero no es agua, lo sé. El tiempo que no paso bebiendo lo paso pensando. No pienso yo, claro, no tengo elección en que pensar, el agua nubla mis pensamientos, el agua, no es agua. No creo que sea capaz de expresar con palabras cual es la sensación, la diferencia, que ha cambiado, pero lo sé, lo sé, el agua no es agua. Transparente, insípida, inodora, nada, es agua, pero no, lo sé. Pero este agua sabe. No sé a qué, pero sabe. No está amarga o dulce, no es salada ni ácida, no, pero sabe. Y cada vez que cierro los ojos lo único que llena mis pensamientos es el agua, el agua, pero no es agua. Trato de dormir, pero mi cuerpo queda despierto. Mi mente, ahogada, pero mi cuerpo sigue activo. Sed. ¿Agua? No es agua. No consigo descansar, mi cuerpo reclama que beba, pero lo ignoro, hasta que el dolor me deja exhausto y consigo dormir.


Gris. Frío. Luz. Agua. ¿Agua?. No es agua. Despierto pero no estoy en mi cama. No estoy en mi casa. Las paredes de la habitación están pintadas de un gris claro, pero tienen muchos desperfectos. Estoy sentado sobre una silla, gris también, dura, pero cómoda. Frente a mí una mesa, y encima, agua. ¿Agua? Un vaso de vidrio, lleno de un líquido transparente, incoloro, inodoro. Agua. La sed se apodera de mí. Bebo. Fluye. Pulsan. Se mueven. Duele. ¿Agua? 

Escupo, primero un poco, y después de una breve pausa, empiezo a vomitar. Agua. No deja de salir. Al cabo de un minuto el agua me llega a los tobillos. Me duele la garganta, pero el caudal no se frena. Cuando llega a mis rodillas, paro. Sudo, frío, siento miedo. Me limpio la frente, el sudor. ¿Agua? No es agua. Me siento, me desplomo, lloro. La mesa se cae. No al suelo, la mesa cae, hacia el vacío, la silla la sigue. Yo nado, ya no hay techo, no hay suelo, no hay paredes. La nada, un abismo, nado. ¿Agua? Agua. Floto, o creo que floto, no se donde está el suelo, o donde debería estar, mi izquierda o mi derecha, las pierdo, me pierdo. El agua sube, más rápido de lo que puedo nadar. Me ahogo. ¿Agua? 


No es agua.


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